El próximo 22 de octubre está previsto el estreno de Lilith, el último largometraje del cineasta teldense Ado Santana, tras un recorrido exitoso por diversos festivales internacionales, al conseguir ocho premios en cinco selecciones. En el Festival Internacional de Cine Animal y Ambiental (FICAA) de la Ciudad de México lo obtuvo en la categoría de Cine Feminista, una mención Especial del Jurado por “su impacto visual y su narrativa contundente” y un segundo reconocimiento “por su fuerza, su mirada incómoda y su tratamiento emocional sin concesiones”.
Rodada en las calles, bares y establecimientos de Telde, que tan bien conoce Ado Santana, entre los años 2021 y 2024, ha sido producida de manera independiente por su propia productora Ado Producciones, con la colaboración de las asociaciones culturales Beta Creativa y Alcorac 1968, que promueven el patrimonio artístico, la música, la literatura y el cine en Canaria, fomentando la participación ciudadana.
Escrita por Ado Santana y Ricardo López Toledo, su guionista habitual, la película está protagonizada por Saray Castro como Litith tras un extenuante entrenamiento, Norberto Trujillo en un papel muy alejado de sus habituales trabajos, Borja Teixeira siempre descomunal al componer un personaje complejo, además de José Antonio González, Abián de la Cruz, Mari Carmen Sánchez, Cathy Pulido, Maycol Hernández, Abraham Santa Cruz, Guacimara Correa y Hermi Orihuela.
La primera imagen del film consiste en un primer plano de una mujer joven. Aunque no la veamos de cuerpo entero, adivinamos que se halla corriendo sobre una cinta en un gimnasio. Al hallarse a la izquierda del encuadre, dejando mucho espacio a la derecha, produce en el espectador la impresión de no avanzar a pesar de realizar un gran esfuerzo. La segunda imagen consiste igualmente en un primer plano de la misma mujer esta vez con un guante de boxeo. Ambas imágenes se alternarán en un montaje paralelo. Sobre ellas se irán superponiendo los títulos de crédito.
Los primeros minutos de un film son muy importantes y preparan al espectador para la clase de film que se dispone a ver. Ado Santana lo tiene muy claro y subraya, mediante la disposición alterna de estos dos tipos de planos, la trayectoria vital de la protagonista de esta historia de superación. Los planos de la mujer en su esfuerzo por avanzar se mantienen durante varios segundos. En cambio, las imágenes de Lilith practicando el boxeo se intercalan en forma de flashes, por lo que presuponemos que no se corresponden con el presente del gimnasio, sino que pertenecen a un tiempo distinto, probablemente posterior al momento presente. Mediante este montaje, estas escenas, además de pertenecer al relato, adquieren un valor metafórico, estableciendo de entrada los puntos de inicio y final de la trayectoria vital de la protagonista. Más adelante se irán intercalando flashes de Lilith al ser derribada una y otra vez en combates más simbólicos que reales.
Ado Santana se suma al grupo de cineastas actuales que, de manera independiente, realizan un cine social sin concesiones, como Daniel León Lacave e Iván López. Sin embargo, Santana ha recorrido un largo camino desde sus primeras incursiones en el cine, influido por el cine de fantasía y de terror de los años 80, las primeras y delirantes comedias de Peter Jackson y los directores del cine explotación europeo, como Jess Franco en España y Dario Argento en Italia, bajo la influencia más respetable de Kubrick. Al igual que Tarantino, Ado Santana se nutrió de las películas en VHS de los videoclubs, en uno de los cuales estuvo trabajando por las tardes mientras seguía en el instituto. Fue allí donde conoció a Melo Junior, quien le animó a rodar un corto que él mismo produjo e interpretó. Eran los primeros años de la Escuela de Actores y recurrió a los estudiantes de teatro para llenar de personajes estrafalarios los cortos con títulos como Freak, El regreso de Freak, Kill Freak, La Obispa y el Soldado, Lápiz-Hero o Angustia, durante los primeros años del siglo.
En 2005 acudió al Festivalito de La Palma y allí conoció a un puñado de actores y directores que iban a conformar una nueva generación de cineastas muy activa, como David Pantaleón, Domingo de Luis, Carlos de León, María de Vigo o Maycol Hernández, con el que colaboraría en sus primeros largometrajes. Puso en marcha Ado Producciones para producir sus largometrajes, con la intención de distribuirlos internacionalmente.
Desde aquella primeriza Nox Irae, con una voluntad estilística rompedora (planos inestables, colores saturados, montaje hiperbólico), ha ido asentando una estética más clásica para seguir contando historias violentas en los márgenes de la sociedad, hasta llegar a la inquietante Amarillo, quizás su mejor película, donde este color se inmiscuía dramáticamente en el devenir de los personajes, películas todas ellas sustentadas en el trabajo interpretativo de actores y actrices canarios.
Es imposible olvidar a Luifer Rodríguez en Camino a la locura como el psicópata asesino que va eliminando uno a uno a un grupo de amigos, reunidos en un chalet durante una intensa jornada y que incluye un modesto homenaje a la admirada The Shining de Kubrick. La influencia de Tarantino también se observa en la composición de interminables diálogos, sobre todo en Nox Irae, que se desarrolla igualmente en una unidad de acción.
La cuestión social siempre ha estado presente en el cine de Ado Santana. Uno de los temas de Amarillo era la perversa relación del dinero en el mundo de la música, en Nox Irae se hacía hincapié en la doble moral burguesa, en 30 Monedas reflexionaba sobre el poder manipulador del director de cine.
La pulsión en el cine de Ado Santana se ha ido aquietando en los últimos años, ya no vemos en sus films cuchillazos, gargantas seccionadas o tórridas escenas de sexo. Ha aprendido a mantener la violencia en el subsuelo del film, como un animal agazapado a punto de sacar las garras. Durante el primer tercio el film, Lilith se mueve dentro de un mundo reconocible: no dispone de dinero para pagar el piso, es asediada por el depredador de turno, se lleva mal con su madre. Consigue con facilidad un trabajo y la película se desplaza desde el ámbito urbano a la periferia, un territorio extraño donde descubre actividades de bajeza moral que la conmueven de alguna manera. Sin demasiadas estridencias, de un modo sutil, Lilith va descubriendo la existencia de otra realidad, emboscada en lo cotidiano como en una película de Lynch.
El equipo técnico principal lo conforman Luis Díaz en la producción, Carlos Reyes Lima en la dirección de Fotografía, Alejandro Peñate y Laia Zuazo en la Dirección de Arte y Rhoderick Caloguero en el Sonido. Lisandro Rodríguez ha compuesto la música con la colaboración especial de Germán López (timple y contrabajo) y David Peña.
En los últimos años ha seguido rodando cortometrajes, por el simple placer de rodar y ha ido participando en los concursos de cine express en La Palma, en Gáldar o en Santa Brígida; ha dejado atrás sus divertimentos genéricos para centrarse en un cine de sentimientos: en Potaje, el duelo de una mujer por la muerte de su madre; en Como este momento, la alegría de una relación lésbica; en A casa, la pérdida de una niña.
En la actualidad, imparte talleres y cursos de cine, montaje y creación audiovisual. Dirige el Festival Internacional de Cine “4 Minutos en Corto”, con más de una decena de ediciones y lleva el podcast “No me cuentes el final” junto a su compañera y también cineasta Laia Zuazo, con la intervención esporádica de Daniel León Lacave.













