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lunes, 3 de septiembre de 2012

SOBRE NUBE 9

El estreno tardío de Nube9 se superpone a la fase de postproducción de nuestro último cortometraje. Mi pensamiento está más volcado en afinar el montaje de RONDÓ que en la reflexión sobre mi intento de aproximarme a un cine de género muy codificado como es la ciencia ficción y que abordé el año pasado.

Pero los días se van desvaneciendo y se acerca el momento en que debo mostrar mi obra a personas ajenas a mi círculo de amigos. Más todavía si la obra, tal como está reposando en el disco duro de mi ordenador, sigue todavía incompleta. Debo, pues, poner punto final. Dejar definitivamente cerrado el proyecto.



El mismo título apareció por un error al crear un grupo de trabajo en Facebook. El encargado de hacerlo, por las prisas no pulsó la tecla de mayúsculas y se grabó un 9 en vez del cierre de paréntesis detrás de la palabra Nube. Sonaba bien, nueve – nube – nueve. Y así se quedó, como un feliz hallazgo. Más tarde me entero que el equivalente en inglés Cloud 9 tiene un significado parecido a “la sexta felicidad” o “el séptimo cielo”. La “nube” estaba apoderándose insidiosamente de mi proyecto.

Debo adelantar que cuando inicié mi proyecto apenas se oía hablar de “la nube”. En este año transcurrido es muy normal subir fotos o películas a la nube y dejarlas allí. En la nube puedes compartir tus proyectos. La nube, esté donde esté, es un punto de encuentro.

Había un imagen que rondaba en mi cabeza desde hacía tiempo. La llegada del personaje que interpretaba Eddy Constantine a un hotel de París (en la ficción Alphaville), donde las camareras se ofrecían a los clientes como un servicio del hotel. Eddy Constantine, fiel a su personaje de duro, se la quitaba de encima y protagonizaba de paso un tiroteo de lo más absurdo en una escena propia de los hermanos Marx. Godard engañó a los productores alemanes y transformó lo que debía ser un episodio más de la franquicia de Lemmy en un film filosófico, hipnótico y poético que acabó con la carrera de Eddy Constantine.

Puestos a jugar con la ciencia ficción, por qué no seguir el ejemplo de Godard que situó su particular utopía en las calles de París prescindiendo de toda la parafernalia propia del género.

Aunque mi particular homenaje al maestro termina aquí. Nube9 no tiene nada que ver con Lemmy contra Alphaville. Se aprovecha, al igual que en aquel film, de la estructura de viaje a un no lugar: u (no) topía (lugar), esa palabra que inventó Tomás Moro para la isla de su invención y que luego sería tomada para definir todo un género.

Así que tenemos un personaje que ha llegado a Nube9 desde el exterior (Miguel Ángel Rábade). Desconoce todo de esta nueva realidad. Un personaje femenino (Chantal Rodríguez), como una Ariadna, le ayudará a desandar el laberinto. El otro personaje femenino (Leonor Cifuentes), se presentará como una sombra de otra vida que ella ha olvidado y él probablemente también.


Chantal Rodríguez y Miguel Ángel Rábade

A diferencia de otras narraciones que describen otras tantas utopías, aquí no hay una estructura social que se plantee como alternativa. El mundo de Nube9 se circunscribe a una única habitación de hotel que se repite clónicamente. Como en Alphaville, se plantea una utopía pesimista. ¿Se puede escapar del mundo virtual de Nube9? ¿Nos encontramos todos ya, definitivamente, colgados del nuevo paraíso?

Para rodar Nube9 volví a los escenarios de Fantasmas (un mediometraje que rodamos en 2005), este no lugar que está tan cerquita de nosotros y que se llama Puerto de La Cruz.

En esta ocasión, las cosas no rodaron tan fáciles. Empezamos con buen pie en los espacios comunales del hotel. Pero era temporada de verano y había gente. Sentimos a nuestro alrededor una animadversión creciente. Rodamos hasta bien entrada la noche en la habitación. Al día siguiente, sin apenas haber dormido, empezamos tarde, pero debíamos dejar la habitación antes de lo previsto.



Ramón Santos, ayudado por Aitor Padilla y Eduardo Gorostiza, necesitaban tiempo para fijar con la luz los contornos de una realidad engañosa donde los cuerpos pudieran relacionarse alrededor de una cama. Los personajes escuchan y ven otras realidades, pero al espectador se le niega esta posibilidad, al igual que al viajero.

Dispusimos un simple espejo en la habitación, como una puerta de entrada o como un ojo o como uno de estos espejos que se prodigan en el cine y que nunca reflejan la misma cosa aunque lo parezca. No queríamos pantallas de televisores ni de ordenador (en realidad, el espejo nos ayudó a enmascarar el televisor que estaba fijado en la pared).



El guión, que sobre el papel prometía una buena historia, empezaba a desbaratarse. Añadí escenas, eliminé otras. De repente, como ocurre con algunos escritores en medio de la escritura de una novela, los personajes adquirían otros rasgos y empujaban la historia en una dirección no prevista. Apareció una historia de amor con ecos resnerianos.

Miguel Ángel Rábade y Leonor Cifuentes

Tras muchas vacilaciones, encontré finalmente el espacio para representar el inframundo. Ramón Santos resolvió los planos más fantasmagóricos con un simple y eficaz juego de luces, más propio de Méliès que de los actuales procesos de postproducción. Elena diseñó el vestuario y Verónica Galán propuso un simple garabato en el maquillaje para representar la uniformidad de los habitantes de Nube9.

René Martín va por la tercera versión de la música del corto. Tampoco él parece estar muy seguro del terreno que pisa. Como tampoco lo estaban los actores. Cuando rodábamos la última escena, de repente empecé a darles instrucciones que nadie comprendía y que nunca habían estado en el guión. ¿Por qué debían caminar con los ojos cerrados?


Ramón Santos (fotografía), René Martín (Sonido) y Eduardo Gorostiza (ayte. fotografía)

Creo que también nosotros habíamos entrado en la Nube9 (quizás aquella noche en el hotel, esperando que amaneciera, en un despiste) y me temo que todavía no hemos podido encontrar la salida. Espero que el próximo estreno nos libere y podamos afrontar el siguiente proyecto.

jueves, 21 de julio de 2011

EN LA NUBE


Con no poco esfuerzo hemos iniciado la andadura de un nuevo proyecto. Siempre me ha gustado tomar prestados algunos códigos del cine de género, no para hacer una película de terror, una comedia o un trhiller, ni tampoco para parodiarlos o darles la vuelta. En la economía de medios, tanto de producción como semántica, en la que suelo moverme, los códigos genéricos tienen la ventaja de ser inmediatamente reconocidos y decodificados por el espectador. En Reflejo en Rojo, un simple intercambio de frases entre un hombre y una mujer, que se han citado de hurtadillas en un museo, eran suficientes para anclar el relato en una turbia historia de adulterio y remordimientos. Como esta historia ya se ha contado muchas veces, aprovecho que el espectador ya la conoce para centrarme en lo que más me interesa y pasar de esas escenas de las que el cine narrativo está lleno, que simplemente enlazan, conducen, explican, ralentizan o rellenan. ¿y qué es lo que más me interesa?

Nube9 se plantea como un corto de ciencia ficción. La anécdota es muy simple, y es el sustrato narrativo de muchas películas: un personaje se desplaza a un planeta, a una zona o a una existencia alternativa, y allí se enfrenta a un mundo con unos códigos distintos, deberá resolver un misterio y salvar a la chica. En general, este esquema narrativo ha servido, tanto en la literatura como en el cine, para proyectar el mundo actual sobre un futuro más o menos cercano, para así especular sobre una serie de males de nuestra sociedad actual, que se muestran, al sobredimensionarlos en este mundo imaginado, de una manera más clara y diáfana.

Uno de los escollos a los que me enfrento, al definir mi corto como de ciencia ficción, es el nivel técnico de este tipo de películas al describir estas sociedades alternativas, que deben ser creíbles antes que nada. Los efectos especiales, tanto en el rodaje como en la postproducción, parecen ser imprescindibles.
Aclaro ya que mi intención no es hacer un corto de ciencia ficción, tan solo me apropio, como en cortometrajes anteriores, de la anécdota, para poder concentrarme en otros aspectos: la puesta en sentido de la narración, la arquitectura del relato, la textura visual del film, la exploración de las emociones, el trabajo sobre el cuerpo de los actores.


Tenía en mente la secuencia inicial de Lemmy contra Alphaville, donde Godard recurre a una misma anécdota y ambienta su film de ciencia ficción en un París reconocible y nocturno, construyendo un film surreal e inverosímil, en el que Eddie Constantine se enfrenta a una camarera que es al mismo tiempo una Seductora de Primera Clase, encargada de vigilarle durante su estancia en la fría y racional Alphaville, un lugar donde la palabra amor está prohibida.

En mi corto, llamo Viajero al personaje principal, y lo adentro por una autopista hasta un lugar denominado Nube9, del que solo conoceremos el interior de las habitaciones, siempre idénticas, y las mujeres que la habitan. ¿Qué es Nube9? Este lugar al que nos abocamos donde la comunicación será instantánea y no precisará de ningún tipo de aparato ni tecnología como ahora. Es, eso sí, una proyección especulativa de este lugar que sí es real, que alberga ya un mucho de nosotros mismos, la suma de conocimientos, verdades y mentiras, este lugar al que enviamos pensamientos, imágenes y vídeos y que nunca se borran, sino que van configurando una imagen del mundo real, construyendo un pasado alternativo más fiable que nuestros recuerdos.


En esta sociedad post-tecnológica bastaría con cerrar los ojos para verlo todo, la intimidad dejaría de existir y las relaciones humanas quedaría reducidas a simples apariencias. De tanto mirar, dejaríamos de ver.

Bajo este sustrato genérico, se agazapan dos mitos antiguos que se me desvelaron nada más empecé a trabajar con los actores: el mito de Pigmalión y el de Ariadna y el Laberinto. Ambas historias nos ayudaron a configurar las relaciones entre el Viajero y las dos mujeres con las que se relaciona en la Nube.

De nuevo, como en Fantasmas, regresaba al Puerto de La Cruz y a los laberintos de un hotel como espacio mental donde ubicar el relato. De nuevo iba a trabajar con Miguel Ángel Rábade, que se ha convertido en mi alter ego a lo largo de estos últimos años, y con las actrices Chantal Rodríguez y Leonor Cifuentes, protagonistas de Modelo(s), y con un equipo técnico similar al de otras ocasiones: Laly Díaz en la producción, Elena de Vera en arte, Verónica Galán diseñando un maquillaje ad hoc para los habitantes de la Nube (como el sencillo vestuario pero efectivo pensado por Elena), Aitor Padilla en el montaje, René Martín con el sonido y la música, y Ramón Santos repitiendo con el diseño visual del film (es el responsable de la fotografía de Reflejo en Rojo), con la ayuda de Eduardo Gorostiza, que se ha implicado a través de la productora La Mirada Gorostiza y la actuación de Marina Delgado en una de las escenas del film.


Verónica Galán y Elena de Vera 

 Un momento del rodaje de una de las realidades paralelas del film

Verónica maquillando a Leonor Cifuentes