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sábado, 12 de marzo de 2016

HUELLAS DE LO REAL

A media mañana del viernes recibo una llamada de un número desconocido. Soy Mariano de Santa Ana, ¿eres Josep? Yo no lo conozco y él tampoco me conoce de nada, pero María Calimano, directora la Filmoteca Canaria, le ha hablado de mí y de una película mía que le interesa para un proyecto suyo. Así que quedamos en La Laguna. A la hora convenida le veo salir de un taxi con una chaqueta que apenas lo protege del frío y le invito a mi casa.

Interior de la iglesia de San Agustín en una secuencia de La ciudad interior

Mariano de Santa Ana ha sido crítico de arte durante años en La Provincia, uno de los periódicos de la isla de Gran Canaria, y reconoce no saber nada del cine que se hace en las islas. El Arte con mayúsculas suele no darle demasiada importancia al arte del siglo XX por antonomasia, pero uno ya está acostumbrado a estas cosas y a los diferentes compartimentos estancos de los así mismos llamados artistas y de la gente que orbita a su alrededor.

Hace unos días coincidían la presentación de dos libros, uno de poesía y el otro de entrevistas a un director famoso. La gente de cine rodeaba a Jorge Gorostiza en el altillo de la librería La Isla y los poetas a Ernesto Suárez en la de Agapea. Ese día me di cuenta de que o bien hay más poetas que cineastas o bien alguno de estos estamentos es más solidario que el otro.

Pero Mariano de Santa Ana está dándole vueltas a la idea de isla frente a la realidad  de la ciudad, y no sabe muy bien dónde empiezan y dónde terminan las ciudades canarias. Son ciudades que empezaron a crecer y a transformarse a partir de la década de los 60 del siglo pasado y han sido fagocitadas en mayor o menor grado por un turismo invasivo.

Para este proyecto precisa de huellas de lo real, esas huellas que han ido dejando tanto fotógrafos como cineastas.

Al mirar al trasluz un rollo de película lo que vemos es la huella de algo que estuvo frente a la cámara en un momento dado, al igual que una radiografía es la huella de nuestro estado de salud (uno y otro deberán descifrarse). Una huella parcial, enmarcada por un rectángulo, de una realidad más extensa, pero una huella al fin y al cabo.

Las cámaras digitales dejan también una huella mediante la combinación de unos y ceros, que los procesos de postproducción van diluyendo en los sucesivos procesos hasta la imagen final. ¿Qué proporción de lo real contiene esta nueva imagen?

Trae ya un listado de películas y las pone a mi consideración. Serán solo fragmentos, me dice. Hablamos de El camino dorado de Ramón Saldías, de su extravagante Kárate contra mafia (orientales peleando con las plataneras de fondo, qué gran imagen, me digo, daría para una tesis), de la imprescindible Fotos, del cine de Wansy Navarro, del documental (¿o era una ficción?) de Fátima Luzardo. La ciudad como protagonista. Sin darnos cuenta, ya ha anochecido. Mariano es un gran conversador, se sabe muchas anécdotas. Qué extraño que en todos estos años no hayamos coincidido, me dice. Es que Las Palmas cae muy lejos, le digo. Para mí, Washington DC, donde vive mi hija, está más cerca.





La ciudad interior se rodó en video. La edición se hacía copiando cada fragmento elegido en una nueva cinta, y la calidad se iba deteriorando en cada generación. Tenías que ir editando desde el principio, asegurando cada secuencia montada, e ir avanzando. Si te habías equivocado, si el ritmo no era el adecuado, volver atrás suponía rehacer de nuevo todo el montaje.

Lo editó Lola Pérez Pueyo, una montadora de televisión que era catalana como yo, frente a una máquina prodigiosa que el oculista David del Rosario mantenía en la misma planta que su consulta, casi enfrente del cine Víctor, para hacer sus montajes de las operaciones de los ojos que efectuaba él mismo y que luego enviaba a los congresos internacionales.

Cada vez que yo solicitaba un fundido encadenado, la máquina lo efectuaba poniendo en marcha dos magnetoscopios, que buscaban las salidas y entradas de cada toma, a partir de los datos que el operador de video había introducido numéricamente, para luego fundir y copiar ambas imágenes sobre un tercer magnetoscopio. La operación solía durar varios minutos.

La ciudad interior dejó una huella de La Laguna tal como estaba en el año 1995. A partir del momento en que ascendió a la categoría de ciudad Patrimonio de la Humanidad el casco histórico se acotó y se transformó en lo que es ahora, a pesar de las muchas voces en contra de la peatonización de las calles. La ciudad no solo no decayó, tal como algunos auguraban, sino que un par de calles son conocidas como el rectángulo de oro y los alquileres han empezado a adquirir un tinte irreal.





Pudimos rodar unas escenas en el interior de la iglesia de San Agustín gracias al permiso que nos concedieron los hermanos betlemitas, antes de que el recinto pasase a propiedad municipal y se haya cerrado definitivamente su acceso a la espera de un proyecto que lo convierta en un espacio cultural.

Un pavoroso incendio que el cineasta amateur Eduardo Charif tuvo la suerte de poder rodar con su cámara de super8 en 1964, se comió literalmente el cuerpo de la iglesia dejando un esqueleto de columnas y arcos de piedra. Cuando fuimos a rodar, los hermanos betlemitas mantenían un pequeño huerto y algunas gallinas correteaban entre los matojos y la tierra que alguna vez había sido santa. María Isabel Navarro, en su trabajo de investigación sobre la ciudad, postula la iglesia de San Agustín como el centro místico de una ciudad diseñada con la rosa de los vientos.

En el film, un mediometraje de 53 minutos de duración, se celebra una exposición con esculturas de Juan Bordes (unos torsos que nos cedió el galerista Gonzalo Díaz)  bajo los arcos de la antigua bóveda, siempre en riesgo de derrumbe.


Gonzalo Díaz (de espaldas) hablando con Alberto Omar


Al poco rato la celebración cultural se transmuta en un velatorio y los invitados componen una fila para darle el pésame a Alberto Omar, protagonista de la cinta. Dos de los betlemitas que presenciaban el rodaje se mueren de ganas para participar y se ponen en la fila. La cámara lo filma y deja constancia, es otra huella que se preservará en el tiempo.








En 2010 recibí otra llamada de un número desconocido. Me llamaban desde la filmoteca de la Junta de Castilla y León. Estaban organizando un ciclo de películas que se hubieran rodado en las 13 ciudades españolas Patrimonio de la Humanidad y de nuevo María Calimano, desde la sede de la filmoteca Canaria con la que habían contactado, les propuso La ciudad interior.

Vieron el mediometraje y consideraron que coincidía con la idea del ciclo. Así, de manera inusitada, gracias a que posiblemente era la única película que había tomado la ciudad de La Laguna como protagonista absoluta, me vi en medio de un ciclo de películas, codeándome con Buñuel, Verhoeven, Saura, Welles y la admirada Octavia de Basilio Martín Patino.




jueves, 18 de febrero de 2016

TRES MIRADAS (CORTAS) SOBRE LA PROSTITUCIÓN

Este fue el tema que se les propuso al alumnado de primer curso de Realización de Audiovisuales y Espectáculos del CIFT César Manrique en Santa Cruz de Tenerife. El Colectivo Mayores Valores, que promueve el contacto intergeneracional, convenció a una de las profesoras para que se desarrollara en paralelo a sus clases un proyecto que aunase el saber hacer con un sensible contenido social, en una práctica que contase con el asesoramiento de un director con una larga trayectoria, es decir, yo.



Y cuando digo una larga trayectoria me refiero a que mi práctica cinematográfica se ha desarrollado a lo largo de cinco décadas, pues mi primer corto lo realicé en el año 67, cuando todavía estudiaba Ingeniería Técnica en la Universidad Laboral de Tarragona. Es por esta razón, los años transcurridos y no la calidad de mis trabajos, por lo que me he hecho merecedor del título de “mayor”. 

Y así, el colectivo Mayores Valores me ha enrolado en su peculiar cruzada. Aunque yo no veo ninguna diferencia entre las charlas y cursos con maestros y estudiantes a las que me veía abocado hace años y las de ahora.

Un año antes habíamos estado en el instituto de San Benito, invitados por el profesor de Literatura, para llevar a cabo un taller de escritura de guión en la clase, con horas que nos prestaban otros profesores. Allí se formaron grupos, en los que introducimos personas mayores para añadir un punto de vista novedoso para ellos, esa experiencia de la vida que proporcionan los años, y que podría enriquecer la historia que cada grupo de alumnos había decidido poner en imágenes.

Sortear el escollo de los lugares comunes, la deriva siempre latente de la visión machista de algunos chicos (en los roles, en el cómo visten las chicas…), la tendencia al eslogan y al mensaje trascendente (a la manera de estas frases que se comparten en Facebook), a lo políticamente correcto (eso es lo que debe querer el profesor).

Ya en el instituto, los alumnos intuyen que no pueden expresar sus vivencias en toda su crudeza. En todo caso, allí se aprende a suavizar las aristas, a domesticar la vida. Cuando se les invita a crear una narrativa cercana a ellos, su tendencia natural es la simplificación, a repetir un esquema aprendido en el cine o la televisión, a la adscripción genérica, el melodrama social o el cine de terror (una chica me decía, casi suplicando, pero alguien debería morir, ¿no?).

Rodaje de "Realidad desenfocada"

La escuela debería ser el lugar para aprender a distanciarse de esa ideología patriarcal que nos lleva a asumir determinados roles de poder y sumisión como algo natural. Una ideología que impregna las imágenes que nos rodean y moldean su narrativa. Unas imágenes que nunca son inocentes.

Y así me empeñaba yo, sabiendo que en el fondo el espectador actual entiende mejor que nadie la naturaleza equívoca de las imágenes. Pero es un espectador impaciente. Ante la aceleración creciente de las imágenes también acrecienta las expectativas. Las imágenes se agolpan, el cerebro olvida. Los cortos deben ser cada vez más cortos.

Mi función era ponerles secuencias de películas y darles tiempo para que descifraran su sentido. Decodificar primero para saber codificar después. Entender el valor de cada encuadre, de la luz, el color, el gesto de un actor, dominar las elipsis, los fuera de campo.

Y al mismo tiempo, elegida una temática, documentarse bien. Y ahí jugó su baza la asociación  Mercedes Machado, que les preparó una charla sobre la prostitución, enmarcada en la polémica actual sobre su regularización o su abolición.

De lo que se trataba era que abordasen el tema sugerido buscando nuevos puntos de vista, y que aplicasen para ello una narrativa que soslayase el tratamiento convencional con el que se suele tratar un tema con tantas aristas.

Rodaje de "Piruleta"

Se formaron cuatro grupos de trabajo, cuyos guiones dieron lugar a cuatro cortometrajes muy distintos entre sí. Lo más problemático fue la coordinación interna de cada grupo de trabajo, en el momento en que tuvieron que asumir los diferentes roles durante el rodaje.

“Realidad desenfocada”, dirigida por Patricia Chimeno, se rodó íntegramente en estudio, aprovechando el pequeño plató para prácticas de que dispone el instituto. La limitación del tiempo disponible para el rodaje, apenas dos tardes después del horario de clases, causó no pocos quebraderos de cabeza al equipo, ocasionando esos momentos de tensión que surgen en casi todos los rodajes.



En este rodaje necesitaban una actriz y yo les sugerí a Bibi Rodríguez. Su largo e intenso monólogo a cámara me animó a pensar en ella para mi siguiente cortometraje “Del amor y otras necesidades”, que justo terminamos de rodar la semana pasada, después de varias interrupciones.

“Piruleta”, firmada por Diego Martín, David Martín, Laura Padilla, Yaiza Rodríguez y Eduardo Pérez, pone el acento en la mirada inocente de un niño. Fue un proyecto que experimentó continuos cambios durante la elaboración del guión y que casi se fue al traste ante la dificultad de encontrar un niño al que los padres dieran su consentimiento por lo sensible del tema.



“No” es quizás la propuesta más radical, pues Natalia Bravo se propuso contar de la manera más descarnada posible la humillación extrema a la que es sometida una prostituta callejera en su vida diaria. Para ello buscó el contraste entre una puesta en escena muy estilizada y una voz en over realista. Por un lado se decidió por el teatro de sombras, proyectando sobre una sábana la acción combinada de varios actores, en las poses y acciones más paradigmáticas del imaginario de la prostitución.

Por otro lado intentó, aunque sin resultado, grabar el testimonio de una prostituta real, por lo que tuvo que recrearlo a partir de diversos testimonios proporcionados por el programa de las Hermanas Oblatas "La Casita". A pesar de la pobreza de medios, el intento es muy estimulante y el corto, como los otros dos, funcionan muy bien.



Rodaje de "No"

El cuarto grupo estuvo muy desorganizado desde un principio y, a pesar de todo, llegaron a rodar y editar su corto, que planteaba la difícil situación de algunas estudiantes sin recursos que optan por intercambiar sexo por dinero y así poder pagar la matrícula. A última hora decidieron no presentar el corto por no cumplir sus expectativas. Mi función se limitó a sugerirles algunas soluciones en el rodaje, ante los lógicos imprevistos por una inadecuada preproducción.

Este jueves se proyectan los cortometrajes en el TEA (Tenerife Espacio de las Artes). Ha transcurrido un año desde que se inició esta experiencia. Será el momento de confrontar los cortos con un público exigente, establecer el puente entre los futuros creadores y su destinatario natural. De este modo, la práctica habrá puesto su punto final.

  

jueves, 17 de diciembre de 2015

UNA NUEVA GENERACIÓN DE CINEASTAS SE ESTÁ GESTANDO

Me encuentro con la sala grande del espacio cultural Aguere llena hasta los topes de chicos y chicas con los nervios a flor de piel. En pocos minutos, después de ver una selección de los cortos que han realizado durante este trimestre, se sabrá quienes son los ganadores. Sergio González, maestro de ceremonias, no deja de repetir, micrófono en mano, que el premio es estar ya allí, poder ver los cortos en una pantalla grande, en una pantalla de cine.


Me llama Fernando del Espacio Cultural Aguere para que participe como jurado en un concurso de cortometrajes para escolares que ellos organizan. Fernando pertenece al mundo de la música pero es un entusiasta de lo audiovisual y nos echa una mano a  todos aquellos que intentamos hacer cine, poniendo a nuestra disposición la sala de cine para proyectar nuestros cortos.

No se trata de un festival en sí, sino de poner en valor el trabajo de un montón de chicos y chicas de centros escolares de Santa Cruz de Tenerife y La Laguna, y proyectar una selección de los mejores cortos producidos a lo largo del curso, resultado de las charlas y talleres de cine que el periodista Sergio Negrín, de Centrífuga Producciones, puso en marcha hace ya tres años, con el nombre de Educar los Sentidos.

El objetivo de Despertares es inyectar el virus del cine en los chicos y chicas a edades tempranas. Este tipo de iniciativas es el semillero de la nueva generación de cineastas canarios. Los cortometrajistas que irrumpirán con fuerza en la próxima década.

Centrífuga Producciones puso en marcha una multitud de proyectos relacionados con el cine en la ciudad de La Laguna, el Festival de Cine Gastronómico (CineEsCena) y el Festival de Cine de la Naturaleza y el Hombre (Naturman), que tuvieron varias ediciones, así como el festival de Cine exprés La Laguna Plató de Cine, que atrajo a un montón de actores y cineastas, algunos se desplazaron desde Las Palmas de Gran Canaria,  y llenaron la sala de Aguere Cultural con sus gritos y aplausos en la sesión de cierre del festival.

Pero Centrífuga Producciones no ha podido hacer frente a la rémora de las administraciones en el pago de los dineros comprometidos para la organización de los eventos y ha tenido que colgar el cierre, espero que provisional, incapaz de llevar adelante los nuevos proyectos con las garantías necesarias.

Así se ha quedado huérfano el festival de cine exprés y el proyecto Despertares de realización de cortos en los centros escolares. Por cierto, el nombre procede de una experiencia didáctica que llevamos a cabo hace varios años, promovida por CajaCanarias y que nosotros organizábamos, y cuyo recuerdo Sergio Negrín quiso preservar, dándole continuidad (un proyecto más bien teórico, donde enseñábamos a mirar).

Así que, cuando me llamó Fernando, me encontré algo así como regresando a los orígenes de un proyecto didáctico absolutamente necesario que David Arias, profesor del colegio La Salle de La Laguna, ha seguido organizando, esta vez en solitario.

Me veo de un tirón los 36 cortos, tres como máximo para los 14 centros participantes, resultado de una primera criba pues alguno de los centros llegó a presentar cuatro o cinco cortos, hasta siete uno de ellos, tal fue el entusiasmo, donde algunos grupos ya habían realizado cortos en las anteriores ediciones del festival y se presentaban con ventaja sobre otros grupos de alumnos que se atrevían con su primer corto.

No me gusta eso de seleccionar cortometrajes, menos premiar unos trabajos en detrimento de otros, y menos aún ponerles notas en una planilla que contemplaba varios aspectos y que, de modo automático, hace la media y da los ganadores sin que uno haya podido analizar los cortos de una manera global. Siempre hay un factor subjetivo. Y una responsabilidad. Porque los premios conforman un modelo de cine que los chicos y chicas interiorizan, un modelo a imitar en los próximos certámenes, una manera de entender el cine y no otra.

Pantalla partida en "30 derechos"

Desconozco las enseñanzas que han recibido, la duración de las sesiones teóricas o los fragmentos de películas que analizarían, pero descubro en estos cortos multitud de soluciones expresivas que van desde experimentar diversos formatos (incluido el vertical de los móviles), texturas (alternar el blanco y negro con el color, saturación de colores) y multipantallas a servirse sin reparo alguno de la diversidad de cortinillas que los programas de edición ponen a su disposición.

formato vertical en "Otra salida"
formato vertical en "Es justo y necesario"

Al principio me incomodaba este frenesí con las cortinillas (que el pop heredó del cine mudo) sin una lógica que justificase una solución u otra. Pero también me hizo pensar que experimentar es precisamente eso, dejarse llevar por el trazo y los colores como hacen los niños al agarrar unos rotuladores y llenar la página de garabatos.

Sus modelos son otros, pienso, distintos al cine que yo veía a su edad, a los modelos vigentes en aquel momento, siempre en constante cambio. El cine es mutante por naturaleza. Han sido otros factores los que le llevaron a consolidar un modelo de representación en detrimento de otros caminos que algunos francotiradores habían explorado.

Y todo para poder contar una pequeña historia de menos de 4 minutos, relacionada con los derechos humanos. El cine como expresión de sus dilemas, de su manera tan diversa de enfrentarse al mundo. Y así aparecía el bullying como la temática más repetida, el acoso a la diferencia, a aquello que es nuevo y no entendemos, al raro, al indefenso. Y también, pero en menor medida, la solidaridad o la insolidaridad frente al inmigrante ilegal, la violencia contra las mujeres y cómo afecta al entorno del niño, el embarazo no deseado, la transexualidad, los desahucios, el acoso cibernético o la bulimia (vista como una consecuencia del acoso escolar).

El acoso en "Es justo y necesario"

Encuadre con profundidad de campo en "Es justo y necesario"

Respecto a otros años, los finales violentos y dramáticos superaban a los finales felices y poco creíbles. Se vieron toda clase de suicidios, palizas sin cuento y una muerte por disparo, como si la pulsión genérica (el cine de terror, el thriller) hubiera encontrado un resquicio dentro de los contenidos políticamente correctos que se les pedía (y que algunos confundieron con un spot institucional).

Reminiscencias del cine negro en "Obsesión"

Una de las cosas que más me sorprendió fue la utilización del off en muchos de los cortos, en especial el uso expresivo del espacio sonoro. En “El diario de Max Confield”, uno de los cortos más originales, el protagonista es un chico que inicia un diario grabándose a sí mismo. Nos muestra su cuarto, a una amiga (la única), la clase, el patio. Poco a poco elementos fuera de cuadro van irrumpiendo con una violencia que va en aumento. Al final, al desconectar el aparato, escuchamos unas voces llamándolo, los golpes a la puerta y de inmediato la sirena de una ambulancia, todo contado en pocos segundos de oscuridad.




En “Mi refugio” casi todo ocurre fuera de plano. Un travelling de alejamiento en una habitación vacía, al inicio del corto, se llena con las voces airadas de un hombre y una mujer. Luego vemos al niño en su cuarto, intentando leer un comic de Tintín, intentando no escuchar la discusión interminable de sus padres. Un montaje percutante de planos cortos expresa el agobio.



En “Miradas cruzadas” se recurre al montaje diacrónico de sonido e imagen. Un grupo de chicos y chicas se reúnen para ver un partido de fútbol, pero lo que ve el espectador, como si lo estuvieran dando en la tele, son imágenes de un grupo de inmigrantes en una patera, con el sonido del partido de fondo y los vítores de los chicos animando a su equipo.

En algunos cortos destaca la elección de los lugares donde ocurre la acción, la angosta escalera de paredes de color rojo chillón por la que asciende uno de los chicos en “Otra salida” o los muros llenos de grafitis de “Vive los dos lados”.

 colores y texturas en "Otra salida"
localizaciones adecuadas en "Vive los dos lados"

En “No tengas miedo” veo una sabia utilización de la cámara en movimiento, donde cada plano narra una situación sin necesidad del contraplano, acercándose o alejándose de algún personaje o siguiendo al grupo mientras se establece un protocolo para atajar una situación de acoso escolar.


Más clásica a nivel narrativo es “El otro” (que se llevó el primer premio). Se apoya en la voz en over de la protagonista, en busca de una explicación convincente (para su madre y para sí misma) del hecho de sentirse un chico encerrado en el cuerpo de una chica. Comienza con un plano de la protagonista vista de espaldas, caminando por la calle en dirección a su casa. El siguiente plano encuadra sus botas al caminar y el tercer plano se fija en cómo viste. Todavía no le hemos visto la cara, pero las imágenes ya nos están diciendo que la manera de vestirse va a tener una importancia crucial en el corto.





miércoles, 9 de diciembre de 2015

DOCUMENTAR LA LAGUNA: IMÁGENES RECUPERADAS

En Aguere Espacio Cultural proyectan imágenes de La Laguna que la Filmoteca Canaria ha ido recopilando durante años. Son fragmentos de películas de cineastas amateurs que rodaron sus películas en 8mm. en los años 50 y 60, o de películas más antiguas, como la ya célebre “El ladrón de guantes blancos” del año 1926.


Hay una arqueología de las cosas y una arqueología de la imagen de las cosas. Cuanto más atrás en el tiempo las imágenes son más desvaídas. El paso del tiempo actúa también en ellas, desgastándolas. Al mismo tiempo, el recuerdo que guardamos de ellas se hace más brillante. Todos podemos imaginarnos el esplendor de las antiguas pirámides, a pesar de no haberlas visitado nunca, cerrando por un momento los ojos.

Pues de esto se trata. Las imágenes van destilando en nuestra mente, fotograma a fotograma, la imagen de un mundo, un imaginario, que se contrapone a lo real.

El ojo mecánico de las cámaras de cine se ha paseado por las calles y fachadas de los edificios emblemáticos de la ciudad de La Laguna, dejando una huella indeleble. La Laguna celebra este año su decimosexto aniversario por haber sido destacada como Patrimonio de La Humanidad, gracias al trabajo de María Isabel Navarro, al descifrar el original diseño del trazado de sus calles (“La Laguna 1500: la ciudad –república. Una utopía insular según las leyes de Platón”)

Y sin embargo, mirando ahora estos retazos de películas antiguas, comprobamos que los hombres de cine han fijado una y otra vez los mismos edificios (la Catedral, la torre de La Concepción, el Obispado), fachadas que no han cambiado su aspecto durante décadas, definiendo una ciudad anclada en el tiempo, un tiempo inmemorial.

imágenes cedidas por la Filmoteca Canaria

Parte de la responsabilidad de esta mirada ideologizada se encuentra en el proyecto cultural franquista, a través del Departamento de Cinematografía de la Vicesecretaría de Educación Popular, que en 1943 instituyó el NO-DO con el lema “el mundo al alcance de los españoles” con la prohibición, a partir de entonces, de rodar películas de no ficción sin el permiso pertinente.

Con esa idea de colocar un velo ante la mirada de los españoles (como lo hace ahora mismo Tele5, por poner un ejemplo), los reporteros del NO-DO se acercaron al municipio de La Laguna para rodar un claro ejemplo de “lo más característico y peculiar” de cada pueblo, la ejecución de una paella gargantuesca en Bajamar, el barrio costero de La Laguna, donde el cocinero, especialista en romper guinnes, dirigía la operación subido a una grúa.

Un año antes, el cineasta Rafael Gil, autor de renombrados largometrajes del cine español de la época, se vino a Canarias para rodar varios cortometrajes (“Islas de Gran Canaria”, “Islas de Tenerife”, “Fiesta Canaria” y “Tierra Canaria”), dentro de una vasto proyecto inconcluso, con motivo de la Exposición de las Islas Canarias de 1941.

Cuando Rafael Gil se acerca a La Laguna, se encuentra con una ciudad que le recuerda las viejas ciudades castellanas, y planta la cámara tan solo ante aquellos edificios que más se lo recuerdan. Edificios que, sin duda alguna, representan los valores morales de su proyecto de dominio ideológico (en el mismo cortometraje escuchamos que Candelaria es “el hogar de la fe católica de todo el archipiélago”, Santa Cruz de Tenerife le parece ”el gran faro de España en la ruta de las Américas”).

Curioso que en los documentales de los cineastas locales de las siguientes décadas volvamos a encontrar las mismas imágenes. Al documentar la celebración de la romería de San Benito o las procesiones de la Semana Santa, dos de los eventos más representativos de La Laguna, los camarógrafos enfilan la misma embocadura de calles con la torre de la Concepción al fondo.





Puestos a documentar más eventos de la ciudad, se fijan los actos de la inauguración de la escultura del padre Anchieta o el entierro multitudinario del obispo Pérez Cáceres, donde vemos la profusión de curas y militares que tanto marcó el devenir de los plúmbeos años del franquismo.



Otra imagen que define muy bien aquellos años es la celebración de una Primera Comunión en la iglesia de Tejina, donde un numeroso grupo de niñas, con sus primorosos vestidos de novia, posa en la escalera de la iglesia para la foto rememorativa. En la plaza, largas mesas se aprovisionan para el banquete.

Me interesan los grupos humanos, los rostros entrevistos en medio de las aglomeraciones en la inauguración de la flamante plaza del Cristo,  o la familia que admira con curiosidad un ejemplar cuatrimotor de líneas aerodinámicas aparcado en el aeropuerto de Los Rodeos.



O los camareros que demuestran sus habilidades cuasicircenses al atravesar toda clase de obstáculos en la calle de La Carrera, sin que se les derrame ni una gota sobre la bandeja que llevan en equilibrio, en un insólito concurso de camareros, ante el regocijo general.




Hay otro tipo de eventos que llevan a los cineastas aficionados a salir con lo puesto para recogerlos con sus cámaras. Son los sucesos luctuosos, las catástrofes naturales, los incendios fortuitos, todo aquello que atrae de manera irremediable la atención de la gente. Constituyeron, casi desde el principio del cinematógrafo, y siguen siéndolo en las noticias de los telediarios, objetivos prioritarios de los camarógrafos, que convierten en espectáculo para satisfacer la necesidad morbosa del espectador.

Ya sabemos que las primeras y más ricas imágenes del archipiélago corresponden a un operador anónimo de la empresa Gaumont (hay otras más anteriores, las de Lumière, de las que solo conocemos por las noticias), que atraído por la efímera erupción del volcán Chinyero, en la falda norte del Teide, aprovechó para capturar imágenes de un Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria ya desaparecidas.

El incendio de la llamada Casa del Miedo, donde fueron asesinadas varias personas y posteriormente asaltada por escuadrones de falange, ofrece imágenes bellas e impactantes, con la casa y su entorno envueltos en una espesa nube de humo.




Otro incendio memorable fue el de la iglesia de San Agustín, de la que todavía se conserva su esqueleto, con las columnas y los arcos devorados por el fuego, justo en el punto cero de la ciudad (en el centro de la circunferencia del trazado de la primitiva ciudad).

Yo conocía de oídas la existencia de estas imágenes, tomadas por Eduardo Charif, uno de los destacados cineastas de los años 60, que junto a Enrique de Armas y otros aficionados, constituyeron la UCALA (Unión de Cineastas amateurs de La Laguna), pero recelaba de cedérselas a la Filmoteca Canaria, y no había manera de poder verlas.

Después de muchos años he podido ver el cortometraje y conocer a su autor. No se trata de imágenes apresuradas como yo había pensado, sino de un documental memorable, muy bien filmado desde puntos de vista distintos y con un montaje que sabe transmitir el drama humano y el esfuerzo en sofocar inútilmente las llamas, en un intento de salvar cualquier objeto u obra de arte. Me contó que vivía en la calle Heraclio Sánchez, que en aquel entonces era una zona rodeada todavía de campo, y estando en la azotea vio una espesa columna de humo. Tenía, como siempre, su arma cargada (el 8mm. era muy delicado y a la mínima se podía velar el contenido), rodó un plano general  desde allí y salió hacia la calle de San Agustín para ver qué pasaba.



En 1973, dos años antes de la muerte del dictador, el iconoclasta equipo Neura rodó una fulgurante recreación en clave de farsa de la conquista de Canarias. El paso de un grupo de estudiantes, ataviados en plan carnavalesco como las huestes conquistadoras, con un Fernández de Lugo a la cabeza, a todo lo largo de la calle de La Carrera, ante la mirada de los curiosos, hizo trizas la sucesión de imágenes de La Laguna (tan serias siempre, tan magnificadas), en este montaje un tanto apresurado que la Filmoteca Canaria ha confeccionado para la ocasión, donde una música de fondo unificaba imágenes extraídas de distintas fuentes con el fin de hacer más digerible su carácter silente.

En este fragmento de la “Crónica histérica, la conquista de Tenerife”, los personajes pasan por delante de aquellas imágenes emblemáticas, las de la Catedral y la torre de la Concepción, desacralizándolas.

Las imágenes idílicas de la “I Fiesta de la Cometa”, con los niños jugando y construyendo casas y cosas con material reciclado, en la verdeante ladera de la Mesa Mota, rodada en 1983, construyen otro imaginario, opuesto a La Laguna rural idealizada, cuyo añorado recuerdo anida en la romería que todos los años se celebra, con su recorrido de vacas, bueyes y cabras por las calles de la ciudad. 

Ahora, la gente de la ciudad vuelve al campo para ser de nuevo felices, aunque sea por un rato volando cometas. Es el vivo retrato de una España que daba la espalda al franquismo y vivía ilusionada en la naciente democracia. 





lunes, 30 de noviembre de 2015

UNA PELÍCULA DE INTRIGA. RODANDO DE NUEVO

Así pues, nos encontramos de nuevo en plena faena. Rodando un corto. Y digo rodando, y no grabando, porque aunque hayamos sustituido el celuloide por lo digital, la operación sigue siendo la misma, lo que importa es aquello que ocurre entre las mágicas palabras “acción” y “corten”, que actúan como un conjuro.


de izq a dcha: Enzo Scala, J.Vilageliu, Jesús Estrada, Bibiana Rodríguez y Mack en pleno rodaje de Del amor y otras necesidades 
(fotos making Françoise Mascaraque)

Y sí, habían pasado unos meses, yo creo que demasiados, entre Paraisos, rodado en el verano de 2013 y estrenada en el 2014 (por lo que figura como un corto del año pasado), y el comienzo de otro corto, en abril de este año, que quedó inconcluso porque no nos pusimos de acuerdo en hallar otra fecha propicia para quitárnoslo de en medio.

Y así estaba yo, esperando respuestas que no llegaban, y fue entonces cuando me di cuenta que estaba terminando un ciclo y debía dar un salto e iniciar otro. Me sentía como que estaba repitiendo una fórmula, y los cortos no eran más que variaciones de una misma idea.

Es lo que ocurre cuando uno va dejando décadas atrás, acumulando etapas que ya algunos críticos van delimitando, en esta manera que tienen los historiadores de contabilizar el tiempo. El alpha y el omega, describió hace unos años un crítico de cine, ante la aparición conjunta de dos cineastas en algún evento olvidado. El alpha, como se habrán dado cuenta, era yo.

Hacía tiempo que quería rodar un corto con Enzo Scala, un corto de texto, no como en Rondó o las “Naturalezas muertas”, donde exploraba los tiempos muertos, las sugerencias de sentido que se agazapan en los pliegues de un corte del montaje.


Pensé enseguida en Bibiana Rodríguez, que había actuado en un corto de escuela que yo coordinaba, y en el que me sorprendió cómo había trabajado su personaje y su exquisita interpretación en unas condiciones extremas por la premura de tiempo, unas condiciones de estrés que me pareció oportuno que los estudiantes conocieran, porque iba a ser parte de su trabajo futuro.


Me senté a escribir, y volví a experimentar el placer de la creación que había sentido varios años antes cuando escribí los diálogos del largometraje En los arrozales, ver cómo surgían y se desarrollaban las situaciones casi como bajo el dictado de una misteriosa voz, como si mi voluntad no tuviera nada que ver con el desenvolvimiento de los personajes. Y así, regresaba una y otra vez a la pantalla del ordenador, ansioso por saber qué iba a suceder a continuación, sintiendo ya el placer del futuro espectador.

Como siempre que termino un guión, no puedo reprimir mi impaciencia y lo envío casi sin corregir a los actores y a las personas que espero formen parte del equipo de producción, para ver qué piensan ellos del futuro proyecto, y de los personajes que tendrán que hacer suyos.

Era un texto lleno de sugerencias, donde los personajes se ocultan detrás de varias máscaras, y en el que la verdad resulta ambigua.  Pero los actores necesitan conocer a fondo a sus personajes, saber qué hay de verdadero en las sucesivas y cambiantes versiones que dan de sí mismos, encontrar una base sólida para, desde ahí, construir un personaje verosímil. Y no obstante, el guión estaba escrito para ellos.



Empieza entonces la tarea de fijar su imagen externa, decidir para ella el vestido apropiado, color, falda más o menos corta o pantalón, maquillaje excesivo o simplemente sugerente. Y en cuanto a él, color de la camisa, ¿negra, lisa, a rayas? Me envían fotos, dudo, Enzo se remite a la imagen de gente conocida de su Nápoles natal, un medallón en forma de crucifijo que destaca sobre la camisa abierta, anillos. Hace más de un mes que se prepara para este personaje, se ha dejado crecer una perilla y parece otra persona.

¿Dónde rodar? Esta es otra decisión importante, que va a condicionar, combinado con la imagen externa de los actores, la apariencia última del film. Me acordé de la zona ajardinada de la casa de Chema y Françoise en Tegueste, donde ya habíamos rodado unas escenas de “Rondó”. Junto a unos pequeños arbolitos habían colocado una mesa de jardín y dos sillas que siempre me habían llamado la atención, como un minúsculo decorado que pedía a gritos la presencia de unos personajes de principios del siglo XX tomando el té.

A pesar de las reticencias de René, que veía complicado la toma de sonido directo tan cerca de la carretera general, sentí que aquel era el decorado perfecto para un guión que se sustentaba en la idea de la teatralización de la vida, donde los diálogos derivaban enseguida hacia lo literario y el espacio vacío del comienzo se iba enriqueciendo con nuevos elementos escenográficos, un biombo, un espejo, luces de colores que transformaban el espacio.

Miro las imágenes grabadas en la pantallita del programa de edición, donde destaca el exquisito trabajo fotográfico de Jesús Estrada, delimitando los distintos espacios lumínicos, y los rostros de Enzo y Bibi casi en éxtasis, transfigurados también ellos, y de alguna forma me acuerdo de Ripstein, con sus diálogos imposibles, el barroquismo de su puesta en escena, los personajes tan en el límite, una inspiración no buscada. Disfruto con las distintas entonaciones de Bibiana, el rostro torturado de Enzo (el rodaje le pilló muy cansado y eso redundó positivamente) y su sonrisa sardónica. Espero que el espectador también lo disfrute. Es esta una película de actores.

Ya en el momento de rodar me fijé en la imagen de Bibi en el espejo, la presencia del rostro de Enzo penetrando en el espacio imaginario de ella, y le pedí a Jesús que la fijara con su cámara porque me pareció muy cargada de sentido.


Ahora la veo en el ordenador y me acuerdo de “Venus vegetal”, un mediometraje en el filo del documental y la ficción que rodamos en los 90, donde el fotógrafo Jaime Ramos, que se representaba a sí mismo, se ve reflejado en el espejo donde se mira una modelo que representa a la “Venus del espejo” de Velázquez y que él, fotómetro en mano, está a punto de fotografiar para una exposición.



Es una imagen pregnante, que me lleva a mi infancia. En Alella, el pueblo donde pasábamos los veranos, teníamos una casita que hacía esquina con dos calles. Una noche salí a dar una vuelta y cuando regresé me detuve frente a una ventana abierta a través de la cual veía a mi familia, a mis padres, abuelos y tíos inmersos en el discurrir de la vida cotidiana, como si fuera el espectador de una película de la que yo estaba de algún modo excluido. Poco después me enviaron  a estudiar fuera y pasé varios años lejos de la familia.

 Laly Díaz, Mack García, René Martín, Eduardo Chamorro, Jesús Estrada