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domingo, 1 de junio de 2025

TERTULIAS LEVES EN LAS PALMAS

Ya está, las luces se apagaron, y también las voces. Los empleados del CICCA nos invitan amablemente a abandonar el espacio cultural. Todavía es pronto, son apenas las 9, pero tras una charla informal nos despedimos de los miembros de la asociación de cine Vértigo que han acudido. Me agradecen que también yo haya acudido a mi propia retrospectiva y yo les reitero las gracias por haber pensado en mí y dedicarme tres lunes consecutivos para que alguien pueda ver mis trabajos. La verdad es que todo es un poco raro.


El ciclo comenzó el día 12 de mayo (mayo es el mes que se dedica al cine canario, al igual que lo hace la televisión canaria), con cinco cortos representativos de mi cine de los 70. La verdad es que en aquellos primeros años del cine amateur en Tenerife, mis cortos resultaban bastante incomprendidos, tanto por el resto de los cineístas de la asociación a la que me había apuntado, como por los críticos y comentaristas que publicaban invariablemente en las páginas de los periódicos locales, El Día y La Tarde. En los festivales que organizaba la Caja General de Ahorros mis cortos pasaban desapercibidos, eclipsados por el buen hacer de los hermanos Ríos, Roberto Rodríguez, Fernando H. Guzmán (que pronto caería en desgracia cuando le dio por rodar largometrajes) o Siliuto. Yo llegaba con mi bagaje de Barcelona y aquí no se comprendió, pensaban que no sabía hacer cine porque no me salía rodar una escena a base de plano contraplano. La verdad es que ahora tampoco. 


Cajas de cartón recortadas para los rótulos de los clubs nocturnos en Página 45

Pero de repente la cosa cambió, o más bien cambiaron los que decidían a quién había que conceder premios, y un buen día, contra todo pronóstico, mi estrambótica Página 45, rodada con total libertad, sale ganadora en la IV muestra de Cine Canario. Incluso me había permitido saltarme la sacrosanta regla del racord: salté de un plano medio a un primer plano del protagonista con un pañuelo en la mano, que es primero blanco y cuando le llega a la cara para limpiarse la boca es rojo sin que mediara ninguna explicación. Claro que estábamos ya en el año 79 y Franco se había muerto. Romper el raccord había dejado de ser pecado.




Por cierto, este premio me cambió la vida, pues me abrió la posibilidad de participar en el programa de cine canario de la TVE en Canarias, y participar con mi guión de Iballa en la siguiente fase del programa, una ilusionante fase en la que la propia cadena entraba en la producción de la película. Subrayo lo de ilusionante porque, a pesar de que la coproducción con Yaiza Borges se llevó a cabo, el proyecto se frustró y no tuvo la continuidad necesaria. Este fue uno de esos momentos cruciales que hubiera supuesto la consolidación de una industria de cine canario, un proyecto que años después podría haber recuperado la televisión canaria, tal como reaparece en todos los debates con los cineastas canarios, al hilo de la publicación del libro de Eduardo García Rojas.   

Hacemos las pertinentes pruebas de sonido en el espacioso local del CICCA y les pido que disminuyan el tamaño del encuadre. Las películas de super8 nunca habían sido proyectadas en estas megapantallas de hoy en día. En su momento, se tuvo que trucar el proyector de super8 con una bombilla de mayor intensidad para que pudieran proyectarse en el Círculo de Bellas Artes y no se oscureciera la imagen, dado el pequeño tamaño de la cinta. 


Me preguntan si me quedo a ver los cortos, pues muchos realizadores prefieren salir fuera y regresar para el coloquio. A mi me gusta encontrarme en medio de los espectadores, sentir su respiración durante la proyección, como si viera mis cortos a través de sus ojos. No sé si les van a gustar o les puedan interesar películas tan viejas, tan artesanales, tendré que esperar hasta el final de la sesión, pero al observar su inmovilidad, atentos a la pantalla, me tranquilizo. El coloquio resulta muy entretenido, a pesar de que mi incipiente sordera me impide a veces entender las preguntas. Es curioso, pero a pesar de lo distintos que son los cortos, un espectador ve una coherencia que los hermana, una actitud de búsqueda hacia nuevas propuestas, a salirse de la norma, una actitud, afirma, que he mantenido hasta el presente. Siento que las películas empiezan a dejar de ser mías.


Con los compañeros de la asociación de Cine Vértigo


Más tarde, cuando me reúna con la cuadrilla de los leves para tomar unas cervezas, intentaremos descubrir qué nos une y qué nos separa en nuestra particular manera de entender el cine y nuestro trabajo. Y es que el cine de David nada tiene qué ver con el de Pedro, con el de Daniel o con el mío, y es precisamente esta diferencia lo que hace distinguible el cine de cada uno. Lo curioso es que individualmente no nos damos cuenta, pensamos que cada película que hacemos es diferente de las demás. Es precisamente la mirada del otro la que encuentra un hilo, una semejanza, esa coherencia de la que se hablaba en el coloquio. 


Se nos ha unido un profesor de instituto que ha descubierto el Cine Leve. Es redactor de V.O., una revista de cine de la península que ya va por el número 346 y yo sin saber que existía. El año pasado conectó conmigo porque iban a dedicarle un número al cine canario y quería hacerme una entrevista, porque Claudio Utrera, a quien también ha entrevistado, le dijo que era uno de los que más sabe de cine canario.  Esa noche me entrega la revista y compruebo que lo que dice Claudio y lo que digo yo difieren: la opinión de Utrera es que el cine canario ha alcanzado su mayoría de edad, con películas que llegan a los festivales; yo en cambio le hablo del cine leve y del cine de David Delgado, para mí uno de los grandes, aunque ahora mismo los nuevos valores del cine canario  que revolotean alrededor del Festival de Cine Internacional de Las Palmas de Gran Canaria le hayan marginado. Un cine que está de moda, afirmo en la entrevista. Me parece curiosa la revista, porque es la primera vez que se publica un estudio sobre nuestro cine desde fuera, pues aparte de Marce Cotilla, todos los redactores son peninsulares. 

David Delgado, Daniel León Lacave, Pedro García, Josep Vilageliu y Marce Cotilla

Lo cierto es que Marce ha conectado con Daniel León Lacave, porque durante aquella entrevista me preguntó si conocía alguna película en la que la ciudad de Las Palmas tuviera una presencia importante, y le hablé del largometraje Los días vacíos. Ahora Daniel ha ido al instituto donde imparte clases Marce y con los alumnos repetidores, los más marginados del centro, han rodado un pequeño corto, y ambos están entusiasmados, porque Dani se ha reencontrado con aquel Dani ilusionado que daba sus primeros pasos en el cine. "Ojalá alguien me hubiera echado una mano, yo que era un marginado más en aquella época", nos confiesa mientras nos encaminamos al CICCA. 


Esa noche se viene con nosotros y participa en nuestros interminables discusiones sobre cine. Nos empantanamos, no sé por qué, con el debate sobre la moralidad del travelling de Kapo. Dani defiende el film de Pontecorvo y arremete contra Rivette y su artículo sobre la abyección, del cual confiesa que no ha visto ninguna de sus películas. La discusión sobre la moralidad del travelling en los años 50-60, con Godard a la cabeza, (el crítico Luc Moullet, al analizar el cine de Samuel Fuller, afirmó que la moral es una cuestión de travellings) fue el punto más álgido en el debate sobre la responsabilidad del cineasta ante las opciones formales de la puesta en escena de una película (por ejemplo, cómo puede representarse una escena de sexo). 


Cuando llegamos a lo del cine leve nos acaloramos de nuevo, pues resulta que cada uno lo entiende a su manera. Según David, si se rueda con ansiedad no es cine leve. Uno de los espectadores en el coloquio habló de la levedad como una transparencia hacia lo real, o eso me pareció que decía. Como que te colocas vitalmente en una posición de escucha hacia lo que te rodea. El cineasta no puede imponer su idea, sino dejarse impregnar por el aquí y ahora, ser uno con el todo, añade David en la tertulia. La creación sería una forma vital de estar en el mundo, y el cine industrial es lo contrario de todo esto, con su sufrimiento constante, el estrés y los malos rollos. René Martín me dijo hace pocos días que ahora que trabaja para las grandes y medianas producciones no se siente un profesional acreditado sino un simple número. A la mayoría de productoras que medran en el suelo canario no les interesa el cine sino simplemente hacer dinero.  


El siguiente lunes se proyectan Iballa, La ciudad interior y A la deriva, más de dos horas de proyección, no habrá coloquio y no me desplazo a Las Palmas. Me parece una sesión excesiva y no sé si los espectadores aguantarán, porque además de la duración son películas densas, sobre todo las dos primeras. Les llamo al día siguiente y parece que han sobrevivido.


El lunes 26 he quedado con los leves para comer, pero solo se presenta David, los demás están muy atareados. Hoy estrenamos Mujer Gato y me gustaría que estuvieran presentes todos los que colaboraron en la grabación en Las Palmas, pero David Santana se fue a vivir al Japón y parece que se va a quedar allí una temporada larga, Cathy Pulido me escribe que quizás no le dé tiempo y efectivamente no aparece. Quién sí se presenta es Claudio Utrera, y al rato veo a Sergio Morales sentado detrás de nosotros. Pero nadie más conocido. El número de espectadores se ha reducido desde el primer día y ahora apenas hay cuarenta personas, supongo que las que han venido es porque les ha gustado lo que han visto hasta ahora. Nos queda media hora para el coloquio y lo que más les intriga es el trabajo con los actores o la elección del blanco y negro en Mujer Gato


El director y la modelo en Mujer Gato

A alguien le ha incomodado la prevalencia de la mirada masculina, no sé si se refiere en mi cine o en una película concreta. Claro que hay una mirada masculina en la primera parte de Mujer Gato, pero en un momento dado los hombres desaparecen de escena y son las mujeres quienes van a hablar de los hombres. Eso suscita un debate a posteriori y Dani nos recuerda que Cathy y Cristina detectaron en el ensayo previo que las mujeres no hablan como estaba en el guión y se les dio la oportunidad de hacerlo a su manera. 



La mirada masculina en Reflejo en rojo

En Reflejo en rojo se cuestiona esta mirada, y en Paraísos, e incluso en toda la serie de las "naturalezas muertas", la mujer es la más activa, incluso en un momento dado aparece como una diosa con unas tijeras de podar en la mano en vez de rayos.


La mujer diosa en Paraísos


Como en anteriores noches, regresamos al mismo local, Ca´Jonás en la calle La Peregrina, y nos sentamos en la misma mesa junto a la ventana que da a la calle, a través de la cual siempre hay alguien que nos pide dinero y nos increpa. Y siempre pedimos lo mismo, sandwitches club partidos en cuatro trozos. Es un lugar de referencia y al término de alguna proyección de cine canario la calle se llena de cineastas con un botellín en la mano y las conversaciones cruzan las ventanas del interior al exterior y viceversa. Uno de los camareros se acerca a la mesa y le pregunta a Dani si se acuerda de él. Resulta que participó en un rodaje suyo hace ya algún tiempo, es que Las Palmas es un pañuelo.


Si sufres en un rodaje es que no es cine leve, sentencia David, y es que Dani lo ha pasado muy mal en el último rodaje. El productor no ha quedado satisfecho con el largometraje y le exigía cambios. Finalmente ha tirado la toalla: ¿quién es al autor del filme, el director o el productor? Ambos creen que la criatura es suya. 


El personaje del director que interpreta Rábade en Mujer Gato tampoco hace cine leve, porque siempre duda y ni siquiera sabe explicarse. En la escena junto a la charca de las ranas reitera que a él no le interesa escribir un guión, pues "a quién le puede interesar un guión".  Cristina: "Pues a mí, a las actrices y actores, si no, ¿cómo podemos construir nuestro personaje?". Risas de los espectadores (eso funciona, me digo).




Son las actrices las que llegan a una especie de revelación. El final en color sí es cine leve, ellas han hecho lo que han querido y se han divertido. Tras varias cervezas se cruzan los diálogos y los temas. Pedro ha definido mi cine como el del cuerpo y de camino al hotel le pido que argumente su opinión, pero solo le saco que, a diferencia de otros directores canarios, filmo muy bien los cuerpos, tanto de los hombres como de las mujeres. Muy caballerosos, los leves me dejan en la puerta del hotel. 



 


miércoles, 21 de mayo de 2025

RETROSPECTIVAS Y UN LIBRO

El super8 debe estar de moda. Primero fue la proyección en el TEA. Con la excusa de proyectar en pantalla grande el corto que grabé en La Palma con mi móvil, se me ocurrió acompañarlo con dos de mis cortos más antiguos. En el homenaje a Juan Puelles y el equipo Neura, también se proyectaron dos cortos míos de los años 70. Ahora, con la retrospectiva que la Asociación de Cine Vértigo me ha dedicado, en la primera sesión se han seleccionado cuatro cortos de aquella época. También en el TEA están preparando una exposición y me han pedido dos de los cortos de Super8 que todavía no se habían visto.


La retrospectiva que han programado los de Vértigo ha supuesto una grata sorpresa, acostumbrado como estoy  a ir buscando espacios donde proyectar las películas a medida que las vamos haciendo y no a que me las pidan. David Delgado San Ginés, conocedor de mi obra, les fue poniendo tras mi pista, pero seguramente mi blog, con las referencias a todas mis películas y el enlace para poder visionarlas, han ayudado a la difícil selección entre más de 50 obras rodadas en el lapso de seis décadas, para poder encajarlas en tres únicas sesiones, que es más de lo que podría desear. Desde aquí agradezco a Jesús, a Vicky a al resto de los compañeros de la asociación el haberme acogido con tal desvelo.

De la etapa barcelonesa eligieron Trajectòria (1970), la más misteriosa. Allí intenté rodar cinco películas, pero solo conseguí terminar dos, ésta y Más vale pájaro en mano (1968), la que Daniel León Lacave y otros amigos me ayudaron a rehacer el sonido. El doblaje de las voces (ahora a quienes escuchamos es a a Cathy Pulido y a Borja Texeira), hizo exclamar a Luis Sánchez Gijón: "qué buen canario se habla en Tarragona". De las otras tres, una no llegó a sonorizarse, otra ni siquiera terminé de rodarla, y la última, un intento de rodar en 16mm la adaptación de un cuento de Cortázar, en la que traté de convertir la ciudad en París y sus alrededores en una isla griega, y conseguí montar el material. No la he vuelto a ver, pues solo disponía de un copión que entregué a la Filmoteca para su custodia en sus primeros tiempos y no se sabe dónde está. Las demás permanecieron durante años en una estantería, a la espera de poder disponer de un proyector de 8mm, hasta que finalmente me las digitalizaron, entre un laboratorio de Barcelona y  la filmoteca canaria.  


Proyectadas en la enorme pantalla del CICCA, en Las Palmas de Gran Canaria, tanto Trajectòria, hablada en catalán, y las tres canarias, Preludio (1974), Los barrancos afortunados (1976) y Página 45 (1979), que nunca había visto juntas, conforman cuatro trabajos muy distintos entre sí, que quizás ilustran una cierta actitud rompedora, un modesto intento de hacer algo distinto en aquellos primeros años, siempre teniendo como guía el cine que en aquella época me gustaba, los nuevos cines que en los años 60 revolucionaron el panorama cinematográfico europeo.


Alberto Omar y Pilar Rey en Iballa

La segunda sesión reúne otros tres trabajos muy distintos entre sí, representativos de tres décadas consecutivas: Iballa (1987), rodada en 16 mm, una compleja coproducción de Yaiza Borges y TVE en Canarias; La ciudad interior (1993), uno de los tres mediometrajes que rodé en los 90 con guión de Manolo Chinea y la extraordinaria música de Enrique Guimerá; y A la deriva (1910), una producción de Ángel Falcón. Tres películas realizadas con el apoyo de varias productoras: Para la primera, TVE en Canarias aportó el material de 16mm. y su revelado, un sonidista y el montaje en la sede tinerfeña del ente. Para La ciudad interior, Océano Producciones consiguió una ayuda económica para pagar el alquiler del estudio de edición durante varios meses. A la deriva obtuvo una subvención de Canarias Cultura en Red, pero nos obligaron a hacer un kinescopado a 35mm que se llevó la mayor parte del presupuesto, justo en el año 2010, cuando ya empezaron a admitirse películas grabadas en digital. 





Fueron estos trabajos los únicos que he podido realizar con un mínimo de presupuesto. A partir de ahí, Laly Díaz y yo tuvimos que buscarnos la vida y descubrir por necesidad que se podían realizar películas de otra manera, llámese cine leve o cine posible, como lo denomina David Delgado.



Marina Delgado y Miguel Ángel Rábade en Reflejo en rojo


La tercera sesión reúne pues tres ejemplos de este cine que se hace haciéndose. Paraísos pertenece a la serie de las "naturalezas muertas", que algún día podrían proyectarse juntas: Naturaleza muerta (2009), Naturaleza viva (2011), Paraísos (2014) y Aguavivas (2021), y que se construyen a partir de una pareja y una manzana. En Reflejo en rojo, grabada en un solo día en el museo de Historia de La Laguna, hay una escena de sexo que según algunos es la más larga de la historia del cine canario, rodada en un plano secuencia. Finalmente, se proyecta el largometraje Mujer Gato. Seleccionado en el Festivalito del año pasado, proyectado dentro del Festival de Cine de Autor e Independiente de La Laguna fuera de concurso, se estrena en Las Palmas, donde se rodaron algunas escenas con un equipo de la isla. Se trata de una película que se ha dado en llamar metacinematográfica, pues el argumento gira alrededor de un director de cine en busca de una actriz inspiradora, que le guíe en la consecución de su próxima película, a falta de un guión. Cine sobre cine, a partir de unas ideas que Alain Bergala desarrolla en varios artículos recopilados en "El acto de creación en el Cine", pero también cine sobre nuestra propia manera de entender el cine. Es una película que habla de ese cine que se ha podido ver en la retrospectiva, como un perfecto colofón que lo cierra y al mismo tiempo reflexiona sobre lo visto. 




Las actrices Cristina Piñero y Cathy Pulido hacen de sí mismas, hablan de sus experiencias a partir de un guión que las recoge tal como en alguna ocasión me las contaron, en una especie de trayecto de ida y vuelta, un espejo que nos devuelve una imagen deformada. Y hay escondidas anécdotas reales, llamadas telefónicas que tuvieron lugar entre Daniel León Lacave y yo (en el film representados desde una distancia irónica por David Santana y Miguel Ángel Rábade) y     conversaciones sobre las películas que nos gustan y en especial sobre las actrices que nos sedujeron en las salas oscuras de los cines, como Jeanne Moreau o Monica Vitti, a las que ahora tendría que añadir a Bulle Ogier y a Juliette Berto, las actrices de Jacques Rivette que he redescubierto recientemente al mismo tiempo que a este director de la Nouvelle vague, uno de los cuatro directores  más representativos de este movimiento revolucionario junto a Truffaut, Godard y Rhomer, en su periplo desde la cinefilia, la crítica y la realización de películas. Y mientras que de estos hemos ido viendo todas sus películas, el cine de Rivette ha quedado extrañamente eclipsado, a pesar de su monumental obra Out 1 (1971) post mayo del 68, de 13 horas, o quizás precisamente por la excesiva duración de sus obras, y a pesar de que fue él quien desarrolló la idea del cine de autor y de la puesta en escena. Esa idea de que el director es el autor de las películas ha sido tergiversada y magnificada, de tal manera que todavía hoy se hacen retrospectivas de directores de cine y no de actrices o directores de arte, por poner dos ejemplos. Rivette, por lo contrario, pensaba que el autor de una obra era coral, y en sus títulos de crédito comprobamos que él mismo se colocaba junto a sus actores como coautores de la puesta en escena. 





Rivette desarrolló todo su trabajo a partir de las improvisaciones de los actores. En Out 1 les preguntaba si debía poner un rollo grande o pequeño en la cámara pues no sabía muy bien qué iban a hacer y cuánto duraría su actuación. En Mujer Gato no llegué tan lejos, pero tampoco sabía muy bien cuánto iban a durar los planos. Dejaba a los actores, sin ningún tipo de ensayo, con los textos del guión apenas aprendidos, y en algunas ocasiones tan solo rodaba una sola toma, observando a una cierta distancia gestos y actitudes y no tanto el recitado de los textos que yo quería naturalizados. Pedro García me dijo hace poco que mi cine era el del cuerpo. No he entendido muy bien qué quería decir con esto, pero es verdad que he realizado muchas películas donde no se habla, y en aquellas donde hay mucho texto no me interesan tanto las palabras como cómo se dicen. Lo que me interesa de verdad es la fuerza telúrica de las emociones que circulan por debajo.


Rodaje de Mujer Gato en Las Palmas
 


Pero esta retrospectiva es también un homenaje a todas aquellas personas que han intervenido durante este dilatado tiempo de actividad cinematográfica. El cine es un trabajo de equipo y a lo largo de los años fui quemando etapas, con gente que desaparecía porque se marchaba de la isla o bien dejaba el cine por otra actividad más alimenticia o se hacían profesionales y el cine era para ellos otra cosa, y eran sustituidos por otras personas con ganas de hacer algo diferente y que se unían a nuestro pequeño grupo con alegría. Tras unos inicios en solitario me integré en colectivos cuya fuerza integradora se suponía que nos ayudaría a crecer y poder realizar obras más ambiciosas, pero también aquella etapa agridulce de los 80 y 90 pasó a la historia y nos desperdigamos. Los años me han enseñado que el cine es también una vivencia, un regalo, y que lo mejor es transitar por ella con los amigos. Rodar una película es una fiesta donde lo importante es pasarlo bien, no importa tanto el resultado como la sensación de crear algo juntos. 


No sé si es casualidad, pero por las mismas fechas se ha presentado el libro Paisajes del alma, donde el periodista y bloguero Eduardo García Rojas ha entrevistado a 24 realizadores canarios, entre ellos a mí. Es la primera vez que en una publicación se permite a los directores que hablen de su cine, a partir de una reflexión sobre el paisaje canario y su imaginario. La lectura de este libro y la retrospectiva se complementan. Ojalá se organicen más retrospectivas con otros cineastas, que nos permitan conocerles mejor. 


martes, 11 de marzo de 2025

RODAR CON EL MÓVIL, ELOGIO DE LO PEQUEÑO

La proyección de tres cortometrajes inéditos en el TEA el jueves 20 de marzo, uno rodado en 1968 en 8mm., otro con un tomavistas de super8 en 1974, y el tercero grabado con un Iphon12 en 2024, suponen una especie de reivindicación de lo pequeño frente a la proliferación de la ultradefinición de las cámaras de última generación, un regreso a la sencillez ante las narrativas sofisticadas cuando no tendentes a la espectacularización. 



El cine se mueve por modas, y cada uno toma su modelo del gran supermercado de lo visual. Cada película es hija de su contexto, y la tecnología empleada deja su huella, gracias a la cual somos capaces de datar un filme. El zoom se impuso en los años 70 y 80, luego se puso de moda la cámara temblorosa, ahora la tecnología se ha dispuesto para que todos corramos a enfocar y desenfocar el fondo, incluso los nuevos móviles se han apresurado a integrar el modo cine para que juguemos con el enfoque selectivo, incluso después de haber hecho la foto.


A unos les gusta aislar a los personajes del fondo, a mi me gusta que todo esté enfocado y delego en la planificación y la puesta en escena modular la narración. Todos se vuelven locos con la alta definición, como si la imagen así compuesta resultara más vívida, más real. Veo una contradicción entre querer verlo todo en su detalle y luego apagar una parte con el desenfoque.


Qué quieren que les diga, quizás sea por mi miopía, tardé varios años sin saber que era miope y estuve viviendo en un mundo desenfocado, y sin embargo estaba convencido de que era así como se veían las cosas, con sus contornos difusos, los colores y las formas mezclándose, una visión cercana a la vanguardia, que también desdibujaba el mundo para que fuese más real. Estoy seguro de que no me gusta el fútbol porque de pequeño mi padre me llevaba a casa de unos amigos para ver partidos de fútbol en un televisor en blanco y negro, y yo no entendía qué hacían aquellos jugadores corriendo de un lado a otro por el campo al no ver la pelota tras la que se afanaban.


Además, ahora les ha dado por reescalar el cine antiguo, con la excusa de la restauración de las películas, y así, la suavidad de los rostros del celuloide adquiere el detalle monstruoso de los poros que la alta definición nos sirve en primer plano. Ya no los árboles nos impiden ver el bosque, es que ahora podremos extasiarnos con el detalle de las cortezas y las sinuosidades del musgo que los cubre.


La calidad de los soportes no tiene que presuponer la calidad del resultado, hay cuadros enormes en las grandes pinacotecas y dibujos extraordinarios ejecutados en un trozo de papel, seguramente el repiqueteo de dos maderas golpeándose rítmicamente en lo más profundo de la selva sea más grandioso que la sofisticación de una gran orquesta.


Mi contribución a lo pequeño es más modesto, quizás sea debido a las carencias, a no disponer de lo otro, pero para mí tiene un atractivo añadido, no necesito tres años para levantar un proyecto sino que me dejo llevar por impulsos, como si lo real me llamara, tirara de mí. Cuántas veces el movimiento de las personas, de las cosas y de los animales a mi alrededor se han confabulado para ponerse de acuerdo y componer una puesta en escena perfecta, que pocos segundos más tarde se ha disgregado en el caos cotidiano. Y qué irrefrenables ganas de tener en este momento una cámara dispuesta en mis manos para fijar el milagro de la vida. 


Hace poco un amigo me invitó a ver la performance que iba a ejecutar en el interior de una librería de Barcelona. Éramos diez o doce espectadores, que nos íbamos trasladando por las diversas dependencias del local a la zaga de mi amigo el bailarín, y bueno, siguiendo un impulso, me puse a grabarle con el móvil. Al principio era un espectador más frente a él, pero poco a poco me fui atreviendo a buscar otros puntos de vista para encuadrarle mejor, para establecer las relaciones significativas entre su cuerpo en movimiento y los libros que nos contemplaban desde las estanterías o desde la superficie de las mesas donde exhibían sus suculentas portadas. Y como no recibía señales de que pudiera molestar me vi inmerso en la performance con la aquiescencia del bailarín, y a partir de un determinado momento mi ojo móvil se movía con él, adaptándose a su cadencia, y ambos bailábamos. 


Escribir con la cámara, la cámara stylo, como anunciaba ya Alexander Astruch en el año 1948, justo el año en que nací yo, al decir que "la puesta en escena ya no es un medio de ilustrar o presentar una escena, sino una auténtica escritura", y precisamente la aparición de las ligeras cámaras de 16mm, permitía que se pudiese llevar a cabo aquella promesa de un cine liberado de las imposiciones de los estudios, un cine sin guión, imaginado sobre la marcha, en íntimo contacto con los actores y con la vida. Ninguno de aquellos cineastas del nuevo cine americano, que prometían repartir cámaras de cine entre los futuros cineastas para que hicieran con ellas lo que quisiesen, podía imaginar que en un futuro podrían disparar con un pequeño objeto que se podía esconder en el bolsillo.  

 

Esa es la gracia de lo pequeño, y como todo el mundo se pasea exhibiéndose desvergonzadamente ante los ojos móviles de los demás y de los suyos propios, uno pasa desapercibido en medio de la multitud intentando capturar un instante de vida, como si con el móvil le fuéramos dando dentelladas al mundo. Fútil actividad. A veces me acuerdo de Monet, desesperado por capturar la luz cambiante de la catedral de Rouen.



miércoles, 13 de noviembre de 2024

LA POLÉMICA TRAS LA POLÉMICA: LA CARTA A GÓMEZ DEL EQUIPO NEURA

Octubre de 1975. Falta un mes para que acontezca el fin de la dictadura. Pero esto todavía no lo sabíamos. Y sin embargo, ya arreciaban las polémicas sobre qué era eso del cine, para quién y para qué: un cine que enarbolaba la libertad del artista por encima de cualquier otra consideración o un cine popular en contacto con lo real. Los cineastas canarios no solo rodaban sus películas sino que también se tiraban los trastos a la cabeza. En medio de esta batalla, que se incrementó a partir del mes de enero de 1976, los componentes del equipo Neura quisieron enviarle a Javier Gómez, por entonces crítico de cine en la Hoja del Lunes, su particular visión sobre el cine "camello".


En medio de los desvelos del equipo Neura en la búsqueda de su producción de aquellos años, con el fin de confeccionar el programa de celebración de los 50 años desde su primer corto, Alberto Delgado encontró la carta dirigida a Gómez. Y que dice así:

Estimado Gómez:

        releyendo en tus artículos de la Hola del Lunes algunos párrafos tipo “Un auténtico cine canario no puede estar ausente de los problemas de las islas, debe ser única y específicamente un cine del subdesarrollo y contra él…” hemos pensado en darte a conocer una serie de opiniones nuestras sobre el tema:

      por principio, discutimos cualquiera de las etiquetas que vienen poniéndose a las forma de expresión. Si aceptamos denominar a un cierto cine con la palabra “amateur” o “aficionado”, en contra de un cierto cine “profesional”, es porque sirve para que nos entendamos a un nivel más o menos superficial; no creemos posible una definición exacta de lo que es el cine amateur; no existe el cine amateur. Existe el cine y, dentro de él, una serie de producciones que reúnen a veces unas características comunes.

      Comprenderás que no estemos de acuerdo con lo que se ha dado en llamar “cine camello”. Es una etiqueta casi sin significado, y decimos “casi” porque le hemos encontrado alguno; nuestra definición de cine canario sería algo así como: “el cine (entendido como lenguaje) tan particularmente especializado o localizado en la región canaria, que deja de tener sentido fuera de ella. Según esta definición, por ejemplo, muchos gags de nuestra “Crónica histérica: la conquista de Tenerife” pertenecerían al lenguaje canario.

      Que el cine canario deba ser única y específicamente un cine del subdesarrollo y contra él, es una tesis que atenta contra uno de los principìos básicos del arte: la libertad creadora del gorila. Hablamos de arte y no de plátanos; si el cine es educación, o cuando el cine es educación, estamos más de acuerdo contigo.

      El hacer un cine del subdesarrollo, no taquillero, contra la estética ortodoxa, contra la quimérica riqueza de medios, contra la dependencia cultural y contra toda manifestación cultural de la élite es una posibilidad que se ofrece al mejor postor, y no una obligación que se le impone bajo pena de tener una crítica adversa o una crítica que le califique como colaborador de ciertas élites dominantes. El cine del subdesarrollo es recomendable (como tema importante olvidado reiteradamente), pero no será nunca una característica del buen cine, ni siquiera del buen “cine canario”.

      Entendemos que el cine es una forma de lenteja. Insistiremos más adelante en esta idea. Y por supuesto, preferimos “hablar” de temas que reflejen la realidad meridiana; admiramos a los que “hablan” claramente de una serie de temas que consideramos importante plantear, sobre todo cuando las circunstancias no facilitan precisamente el expresarlos. Por otro lado, en la obra de arte es inevitable una toma de posición en cuanto toda obra de arte, como reproducción estética, trata de conseguir el reflejo más fiel de una realidad objetiva, eligiendo unas particularidades a costa de eliminar o generalizar las singularidades inmediatas. El artista podría no plantearse esta elección a priori; la toma de posición no siempre es deducible de forma inmediata a partir del resultado que se ofrece al público.

      El cine que hacemos como Equipo Neura pretende desarrollar el lenguaje cinematográfico; no queremos limitarnos a “hablar” como se habla, ni que el público se limite a “escuchar” como se escucha. Ahora bien: si escuchando, cada vez que hablamos, lo que hablan los que nos escuchan, escuchamos que quién habla no escucha. Alguna vez hemos manifestado nuestra intención de hacer “cine malo”, como contrario de lo que se entiende como “cine bueno”. En definitiva, pretendemos abandonar el nivel de lenguaje del público, para que éste lo abandone a su vez y abandone incluso el nivel que nosotros ofrecemos a un módico prócer. Las posibilidades del lenguaje son infinitas.

      Las películas que hemos terminado hasta ahora pertenecen a una etapa de búsqueda y captura, de aprendizaje: la primera “Crónica histérica: la conquista de Tenerife” (20 m.), rodada anárquicamente (dos cámaras simultáneas que filmaban libremente la acción de un grupo numeroso de actores, que hacían lo que querían a partir de un esquema básico, prefijado por un equipo de diez personas…), casi una creación colectiva; los ejercicios “Anada-dadá-post”, “Mismamente” y “(Un día en Tenerife)”, este último filmado por Josep. M. Vilageliu y sonorizado con nuestra colaboración, y, ya con Vilageliu, “¡Vamos a desenmascarar al padre Manolo! ¡Buenos, vamos!” (55 m.), un intento de expresar un argumento intrascendente con muchos lenguajes, una reflexión sobre el mismo lenguaje cinematográfico. En este momento estamos sonorizando “El dictador aquí y ahora (una película comprometida)”, la primera de una nueva etapa de autocrítica y crítica de temas concretos.

    Con todo lo dicho hasta ahora, hemos intentado darte a conocer lo dicho anteriormente.

    Lo que ponemos en su conocimiento, que está a su disposición, con el fin de que pase a retirarla.

    Sin otro particular, le saludamos alevosamente, en La Laguna, a _ de Octubre de 1975.

                                     NEURA.


Adjunto un artículo De Santiago Ríos, otra respuesta a las críticas de Javier Gómez, pero esta vez en la prensa.





                          

CORTOS LARGOS Y CORTOS CORTOS: SAN RAFAEL EN CORTO (2)

El hecho de que dos cortometrajes de quince minutos compartan sesión con otros once muy muy cortos consigue que nos preguntemos por qué la mayoría de los cineastas canarios se mantienen en este espacio de confort y no se atrevan a levantar proyectos de mayor envergadura. La existencia de festivales de cine exprés, al limitar la duración de los cortos por una cuestión meramente práctica (en el Festivalito se realiza una media de cien cortos en una semana y se proyectan todos el último día), o incluso concursos como Visionaria que la limitan a 90 segundos, promueve una gran cantidad de cortos, realizados además en un ambiente de camaradería y buen rollo. 


fotograma de Vuelo a la Tierra

En este ambiente festivo se conoce gente y se acepta la colaboración de cineastas, de actores y de actrices desconocidos. Acometer un corto de más de diez minutos, lejos de aquellas semanas de excepción, cuando ya todos han regresado a sus casas y están absortos en sus propios proyectos, es muy complicado. Hay que levantar una producción con un mínimo de personal, además de precisar de un mínimo capital para hacer frente a los gastos de comida y desplazamientos, cuando no de pagar a los técnicos y actores. Para realizar un corto de más de diez minutos hace falta una productora, solicitar ayudas, dar de alta al personal, y no está al alcance de todo el mundo. Y sin embargo…


¿En qué se diferencia un corto cortísimo de otro de quince minutos? Pues que puedes desarrollar mejor los personajes, hacer más compleja la narración, conseguir un tempo para que la historia respire. Hacer un corto cortísimo, uno de 90 segundos, es subir de nivel, algunos les llaman piezas, es un cine conceptual, hay que hallar la imagen que nos cuente más cosas, una idea que llame la atención.


En la sesión del domingo 3 de noviembre se proyectaron 13 cortometrajes, de los cuales 8 son canarios y el resto procede de lugares tan distintos como Indonesia-Italia (Broken Wings), Venezuela (Karachy), Chile (Hermana) y Barcelona (París 70 y Vuelo a la Tierra). Aunque el lema de este año era el cambio climático, tan solo Vuelo a la Tierra nos avisa de un futuro colapso. 


Dos de los cortos tienen más de diez minutos: Paris 70 de 15 minutos, y Verbena, con 13, mientras que el resto se mantiene en la media de 4 minutos.


París 70, de Dani Feixes, nos cuenta una historia que se desarrolla a lo largo del tiempo, la de un hijo que cuida a su madre con Alzheimer, una historia íntima, que se desarrolla en el espacio limitado de una sala de estar y un dormitorio. La madre pregunta cada día por su marido y el hijo tiene que recordarle cada día que ya se fue, que ellos están solos, pero un día inicia un engaño, una fabulación, y ambos, a través del recuerdo suscitado por unas fotografías de viajes, viajan cada día a una capital europea, y en el engaño son felices. El arte del cine es el arte de la fabulación, del engaño.



Verbena, de Adrián González, es otra propuesta narrativa. Al contrario de que París 70, se desarrolla en una noche, una noche de alcohol y ganas de sexo, jóvenes divirtiéndose en medio de la nada, hombres y mujeres cada uno con sus apetencias y necesidades, en un determinado punto de su vida que no conocemos. Noche de seducción también: miradas, gestos, actitudes. Una sustancia vertida sin que nadie se dé cuenta en un vaso para conseguir lo que uno quiere y alejar la frustración del rechazo. Nada nuevo. Los quince minutos dan para ir generando una cierta incomodidad. Planos generales para ubicar a cada uno, primeros planos de rostros indolentes o enfebrecidos, con ganas de marcha, de diversión, que se atraen o se alejan, que entran y salen del encuadre. Una situación que incomoda al espectador, que lo apela. Una ficción que nos describe una realidad incómoda. Un trabajo producido por una escuela cine, el Instituto del Cine Canarias, en Las Palmas de Gran Canaria.



En el otro extremo, Tour, de Fátima Luzardo, realizado para el concurso Visionaria. Aquí el concepto es crear una discordancia entre lo que se ve y lo que se escucha, una distanciación irónica que propicie una toma de conciencia frente a las imágenes desgarradoras de la guerra.



Vuelo a la Tierra, de Ignacio Rodó, es otro tour, en este caso un tour cósmico y didáctico, un acercamiento al planeta Tierra centenares de años después del colapso, para que descendientes de los últimos pobladores del planeta presencien el estado actual, analicen las causas y tomen conciencia, también ellos, de lo ocurrido para no repetir los errores. Se trata también de un corto conceptual, aunque ligeramente más largo, consistente en un único plano de acercamiento a la esfera terráquea, después de haber rebasado la Luna. Hay también aquí una discordancia, aunque de otro tipo, entre este lento acercamiento y la narración del desastre medioambiental acaecido.


Karachy, de Elmer Zambrano, nos promueve un distanciamiento sin pretenderlo, al proyectarlo junto a piezas más turbadoras, pues lo que vemos es la representación de un paraje ideal, un ambiente bucólico, donde el agua es abundante, la gente parece ser feliz en sus trabajos, las vacas pacen tranquilas, el cielo es límpido. Y todo ello nos recuerda, por contraste, los paisajes yermos de Fuerteventura que contemplamos en la sesión del sábado, como si ambos fueran cortometrajes complementarios.



 

La intrincada selva de Indonesia, en Broken Wings, de Jerik Dozy, nos perturba sobremanera. Hay en sus imágenes una belleza abrumadora, que esconde una maldad inherente, la de los cazadores de pájaros, un negocio infame que debe mover mucho dinero. Se nos describe con todo detalle las malas artes con las que se atrapa a las aves, mientras contemplamos a un muchacho chapoteando en un riachuelo, loco de alegría con su cometa en forma de mariposa. La mariposa falsa parece remontar el vuelo, mientras las aves son incapaces de volar, adheridas a las ramas por el pegamento. Cada vez vemos más pájaros enjaulados, una orgía de jaulas, de trinos y de picos asomándose entre los barrotes. El pájaro finalmente volará a la gran ciudad, pero siempre en su jaula. A través de los grandes ventanales podrá contemplar la majestuosidad de los edificios, otra selva.



Los demás cortos ya se vieron en La Palma Rueda, a excepción de Cinco minutos, de Laia Zuazo, un típico corto que consiste en el diálogo entre dos personas, casi siempre chico chica, casi un género dentro de los cortometrajistas, quizás por la comodidad y sencillez de la realización.


Cuatro cortos coinciden en limitarse a una única situación: La actriz Alba Tonini rueda su corto exprés, Gara, en un establo con un caballo que ella acaricia para alejar la tristeza de una separación reciente. En Hermana, Matías Bize rueda un único plano sobre el rostro de una mujer que mantiene una conversación con su hermana con el móvil, al alejarse la cámara descubriremos que se halla junto a su tumba. Perenne, de Jalisse Walraet, se juega en el intercambio de miradas de dos mujeres, una desde la ventana, la otra una paseante ocasional, miradas primero de sorpresa, luego de deseo. En Furtiva, de Silvania C. Suárez, la mujer ejecuta un baile liberador, al acercarse a la cámara descubrimos que se trata de una ama de casa entregada a lavar la ropa.






 


Dejo para el final dos gamberradas que harán la delicia del espectador, pues siempre apetece una comedia. Atraco a medias, de Iris Carballo, nos cuenta de manera disparatada la preparación y posterior ejecución del robo de un “banco”, con unos actores desaforados. Camarero 2, de Víctor Hubara, levanta una sátira sobre el mundo del cine, la diferencia de trato de los actores protagonistas y los figurantes, siempre intercambiables.